martes, noviembre 13, 2007

¿Y dónde está la izquierda democrática?

Por lo visto en el limbo. En la indecisión. O siendo timorata y escrupulosa en demasía para poder así limpiar las imágenes de un pasado no tan memorable.

Lula enfrenta serios problemas de corrupción y la atomización de los grupos que lo apoyaron. Por lo demás, Brasil siempre ha sido un mundo aparte.

Los chilenos —otros que históricamente han querido, sin tanta justificación, mantenerse al margen—, tienen en la señora Bachelet a una presidenta carente del liderazgo necesario para enfrentar sus problemas internos.

Alan García, en su tan peruano empeño por blanquearse, se ha aliado no sólo con la derecha más conservadora, sino con el fujimorismo más abominable. Las bases que lo llevaron al poder han sido olvidadas (salvo cuando se les requiere para algunas tareas de choque, nunca prescindibles del todo). Parece no querer darse cuenta —la percepción siempre un grave problema del personaje, sobre todo cuando asume responsabilidades de gobierno— que su capital político puede en cualquier momento saltar la barrera y pasarse al humalismo, o a lo que haga sus veces en el futuro cercano (Ollanta es demasiado inepto, no sería raro que Chávez le encuentre sustituto más temprano que tarde). Tal vez su compadre Carlos Andrés Pérez debería explicarle cómo en Venezuela los adecos de ayer terminaron transformándose en los chavistas de hoy.

A veces da la impresión de que Chávez y sus secuaces no la tienen tan difícil...

lunes, noviembre 12, 2007

El incidente


Pese a haber provocado el rechazo explícito de Zapatero con sus habituales descalificaciones, y hasta haber sacado de sus casillas al rey con su comportamiento rufián y matonesco (esto último quizá hasta tenga mérito, don Juan Carlos siempre tan risueño y bonachón), Chávez y su proyecto político no representan ninguna amenaza —al menos directa— para un país como España.

Chávez sí es un problema real para los países de América Latina, donde los gobiernos de Bolivia, Ecuador, Nicaragua y hasta el de Argentina le son afines, y donde no existe liderazgo alguno capaz de hacer contrapeso a su amenaza hegemónica. Es lamentable. Cuando no son serviles piezas de su estrategia, los líderes de nuestros países son unos viles apaciguadores, unas malaguas, unos vulgares tibios en la mejor tradición de César Gaviria, el abyecto ex-secretario general de la OEA, siempre presente para validar los abusos y los fraudes electorales. Nuestros líderes parecen autistas. O es que tal vez se creen muy pragmáticos: al fin y al cabo, ¿qué son unos pocos insultos, si hasta el mismo Bush los resiste?, ¿qué peligro real pueden embargar unas cuantas casitas del ALBA, unas cuantas operaciones oftalmológicas, unos simpáticos médicos cubanos?

Es cierto que las circunstancias forjan al líder, pero este último tiene que poseer un mínimo de capacidad para percibirlas. Nuestros insultados dirigentes, ansiosos por recibir las gracias y los favores de Chávez —no dudan en pedirle que interceda por ellos ante sus amigotes guerrilleros, sueñan con venderle bonos soberanos o asociarse estratégicamente con PDVSA—, me hacen recordar a esos políticos europeos que veían con una especie de benévola simpatía al nazismo, o buscaban una aproximación estratégica con Hitler a través de un ser tan vulgar y execrable como Mussolini. Conviene recordar que quién no perdió la guerra (lo cual es tan importante como haberla ganado), fue Churchill, un excéntrico y un radical que entendió que Hitler era la principal amenaza para Europa, y que nunca convino en la más mínima posibilidad de negociar, menos aún pactar, con los nazis.

Al final de la cumbre de Santiago, hubo los discursos de siempre, la foto de familia. Lo más probable es que el tiempo atempere la gravedad del incidente. El gran beneficiado, políticamente hablando, será sin duda Chávez, quien seguirá siendo visto por sus simpatizantes como un verdadero machote, un valiente sin reparos para decirle las verdades en la cara a quien sea.

Quien perciba la verdadera dimensión del riesgo que embarga Chávez para la democracia en la región, quien entienda que éste jamás asumirá compromiso alguno sin la segunda intención de imponer su proyecto autoritario (sea como sea, importándole un bledo las formas, ése es su estilo), no tiene por qué mandarlo a callar. Simplemente no debe sentarse con él en la misma mesa.


domingo, noviembre 11, 2007

La hija de la amante


La curiosidad que manifesté días atrás no ha sido defraudada. Todo lo contrario: A.M. Homes me parece una escritora brutalmente honesta y valiente. Y más importante aún, impúdica. Siempre he pensado que para escribir bien es preciso dejar de lado el pudor: leer este texto reafirma mi creencia. En The Mistress’s Daughter la autora explora de un modo crudo, aunque no exento de comicidad e ironía, su propia condición de hija adoptiva de una familia judía e ilustrada, que de golpe se ve en la situación de conocer y tratar a sus padres biológicos. Todo esto, además, en el contexto de una carrera literaria en ascenso.

Caer en el sentimentalismo tiene que ser un peligro latente para quien se embarque en un texto de semejante temática. Pero A.M. Homes sortea satisfactoriamente el reto, teniendo como norma una sinceridad realista y sobria, que invita a pensar en un intento de curación personal —al fin y al cabo, escribir es también, entre tantas cosas, una forma de terapia—. Sus encuentros con el padre biológico en hoteles casi furtivos, la prueba de ADN a la que se somete a instancias de éste, los pensamientos con imágenes de sexo que provoca su presencia, la relación conflictiva entre su madre biológica y el padrastro de ésta, se convierten en episodios cuya innegable crudeza es mitigada por la ansiedad que informa todo el relato: ansiedad de la narradora por conocer sus orígenes, y que a la vez es alimentada por el pánico que esta posibilidad le provoca. Una vez producida la inesperada muerte de su madre biológica, A.M. Homes se empeñará en descifrar la biografía de ésta —y así entender la entrega de la hija recién nacida a un matrimonio desconocido, es decir el acontecimiento primordial de su propia biografía— a través de los escasos y difusos objetos materiales que logra rescatar de su casa de Atlantic City. Es aquí donde su oficio de escritora será una herramienta útil para llenar de contenidos las múltiples sombras que le han quedado como legado.

The Mistress’s Daughter es un libro deslumbrante y profundamente humano. Mis ganas de seguir explorando la obra de A.M. Homes continúan en ascenso.

viernes, noviembre 09, 2007

Veneno y sombra y adios, de Javier Marías

No puedo dejar de escribir algunas palabras —necesariamente breves— sobre Veneno y sombra y adiós, la tercera y última parte de Tu rostro mañana, la novela de Javier Marías que se postula como uno de los proyectos más ambiciosos y sobresalientes de la literatura contemporánea.

La lectura tuvo un comienzo quizá no tan emocionante, con evocaciones de Fiebre y lanza y de Baile y sueño, las dos primeras partes de la novela que acababa de releer en preparación a esta tercera. Sin embargo, la narración rápidamente fue ganando en intensidad, con la posición pragmática de Bertram Tupra, el destino bizarro del diplomático De la Garza, y las reflexiones que estas situaciones provocan en el protagonista-narrador Jacques o Jacobo o Jaime Deza. Sobre la mitad del libro y hasta su final, la lectura se volvió aún más trepidante, con una serie de episodios y revelaciones tan profundas como sorpresivas, y con el renovado telón de fondo -al igual que en Fiebre y lanza- de una íntima conversación con Sir Peter Wheeler, en su casa de Oxford, a orillas del rio Cheever.

Veneno y sombra y adiós puede ser vista como una especie de compendio o colofón de la obra de Marías, con referencias no sólo a las dos primeras partes de esta colosal novela, sino a otras igualmente esenciales como Todas las almas (del cual el propio Deza es protagonista), Corazón tan blanco (reaparecen Juan Ranz, pero sobre todo el inefable Custardoy), Mañana en la batalla piensa en mí (se repiten citas y evocaciones shakespereanas) y Negra espalda del tiempo (el académico Rico que visita a De la Garza). Un colofón que brinda claves sobre los enigmas psicológicos y filosóficos que están sembrados a lo largo de todas estas narraciones.

Como seguramente pasaba con Shakespeare, uno no deja de preguntarse si Marías será capaz de superarse a sí mismo. Con Tu rostro mañana el listón se ha puesto muy alto. Pienso que en las letras hispanoamericanas contemporáneas, ningún narrador merece el Nobel tanto como Javier Marías. Este último libro no hace más que confirmalo.

lunes, noviembre 05, 2007

El abogado que lee a A.M. Homes

Niko es un abogado que lee bastante más literatura que el promedio de la gente, lo cual es mucho decir para un abogado. Niko no es el verdadero nombre del personaje de esta historia, no quisiera yo generar entre sus ampulosos y a la vez simplones socios, dudas ni cuestionamientos que pudieran afectar el hasta ahora notable desarrollo de su carrera profesional. Baste decir, para más señales, que Niko trabaja en una firma bastante grande, si tenemos en cuenta las magnitudes propias del pueblo-ciudad en que vivimos, y eso parece obligarlo a cumplir un código de conducta castrante y estandarizado. By the book en extremo, como el propio Niko diría.

Debo decir además que no me costó gran esfuerzo hacerme amigo de Niko, cosa que me alegra especialmente en estos días en los que por fin me animé a seguir —parcialmente— algunas de sus más persistentes y entusiasmadas sugerencias: La escritora en cuestión se llama A.M. Homes, y si he de fiarme de los dos relatos que leí ayer domingo (No molestar y Una muñeca verdadera), Niko podría ser calificado de oráculo, o al menos de sabio lector. A.M. Homes escribe lacónicamente, como Carver, pero eso no evita que su prosa sea estrepitosa y desmedida. Hay emoción, mucha emoción en esas historias de amor y enemistad, de necesidad y rechazo.

Hace ya varias semanas que Paco Miyagi (otro amigo mío, aunque no de Niko) viajó a Los Ángeles por negocios (algunos, sin embargo, preferimos interpretar que aquel viaje constituía una especie de tributo a sus orígenes okinawenses). A instancias de Niko le encargué The mistress’s daughter, el último libro de A.M. Homes. Fue un pedido hecho a ciegas, una especie de dádiva a la simpatía que en mí despiertan los entusiasmos de Niko. Eso explica, sin duda, que no me haya preocupado en recoger el libro.

Desde ayer en la tarde estoy llamando con insistencia al celular de Paco. El muy cabrón me acaba de contestar, diciéndome que tiene mucho trabajo, y que apenas podremos vernos el miércoles.

Orson Welles, mi pariente


Creo que es Javier Marías quien dice que pueden presentarse en seres sin relación ni parentesco, detalles que, de una forma inenarrable e inexplicable, terminan hermanándolos o emparentándolos en la mente de quienes los han conocido u observado. Uno asocia, sin razón aparente, a una joven hermosa con un viejo lamentable, a un asesino con un futbolista, a un coleccionista de libros usados con un perro mutilado.

De esa misma manera tal vez he venido yo relacionando a Orson Welles con algunos miembros de mi familia, al punto de pensar o figurarme que los Vinces somos la rama latina de los Welles (o Wells), hipótesis que sé descabellada pero que me gusta y me divierte.

Serán quizá esos ojos bovinos, tan característicos en mi abuelo y en mis tíos abuelos, o en mi padre y sus hermanos y primos, y que yo, fatalmente, he terminado heredando. O tal vez la misma pipa que tantas veces vi fumando a mis mayores (en algún momento lo intenté y fracasé). O más aún, esa singular y siempre desequilibrada mezcla de altivez y desazón que es común a muchos de sus personajes (pienso ahora mismo en O’Hara, aquel irlandes descomunal y nostálgico en The lady of Shanghai), lo que me hace emparentar a mis parientes con aquel que puede serlo, sin haberlo sido.

Algo más nos une, según acabo de enterarme: la sincera devoción por las películas de John Ford. Quizá sea verdad, después de todo, que lo que se hereda no se hurta.

sábado, noviembre 03, 2007

Primera Revista Latinoamericana de Libros: ¿Hay un New York Review of Books para el mundo hispanoamericano?


La respuesta es afirmativa gracias a la iniciativa de Fernando Gubbins, un joven peruano, licenciado en Filosofía y MPA de Columbia, que ha logrado aglutinar las voluntades y las colaboraciones de Edmundo Paz Soldán, Germán Carrera Damas, Pablo Quintanilla y Pablo de Santis, entre otros, en la primera entrega -verdaderamente antológica- de la Primera Revista Latinoamericana de Libros-PRL.

Pero la cosa no queda ahí. Se esperan interesantes nombres para los números venideros: Sergio Ramírez, Alvaro Rey de Castro, Alberto Barrera Tyszka, serán algunas de las firmas que aparecerán en esta revista sobre libros, y nada más que libros, en la que el concepto de reseña no es sinónimo de resumen breve, pero tampoco de texto críptico, y donde la lectura es el pretexto para generar un debate, una discusión o incluso para incursionar en temas paralelos.

El lanzamiento de la PRL equivale a la postulación de un hito en la historia editorial de Latinoamérica. Fernando Gubbins y su equipo son acreedores de nuestra admiración y agradecimiento.

viernes, noviembre 02, 2007

La vida de los otros

“Estoy pensando en lo que Lenin dijo de la Apassionata, de Beethoven: Si sigo escuchándola no terminaré la revolución. ¿Puede alguien que haya escuchado esta música, pero que la haya escuchado de verdad, continuar siendo una mala persona?”. Esta hermosa pregunta es hecha por el escritor Dreyman a su novia, la actriz Christa-Maria. Ambos, sin embargo, ignoran que su conversación -al igual que su vida entera- estaba siendo oída, a través de cables secretos y micrófonos escondidos, por Wiesler, un frío agente de la Stasi que había recibido el encargo de espiar a Dreyman y determinar su fidelidad al régimen comunista de la RDA.

La legión de los que abogan por un arte neutro o amoral sin duda crece día a día. La posibilidad de un arte comprometido parece haber sido contaminada del todo, por la avalancha panfletaria producida desde o a favor de algunas de las dictaduras más terribles que la humanidad ha conocido. Tal vez éste sea uno más de los dudosos legados que hemos recibido del siglo veinte. Contrario a esta tendencia cada vez más general, La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006) es un filme que subraya una de las misiones superiores del arte: la redención del hombre a través de la contemplación estética: Una obra contundente, equilibrada, humilde, pero sobre todo comprometida con el ser humano, con su necesidad de libertad y su capacidad de reflexionar y cambiar.

lunes, septiembre 10, 2007

¿Bartleby o Bergotte?


El escritor de mediana edad se pregunta —con no poco snobismo y sin razón para estar seguro de nada— a quién está asemejando más: si a Bartleby o a Bergotte. Difícil cuestión que no tiene relación con el origen de ambos personajes, cuyos creadores pueden ser vistos como contemporáneos entre sí, por el simple hecho de que sus vidas llegaron a solaparse sobre el último cuarto del plácido siglo que les tocó en suerte.

El escritor de mediana edad decidió dejar de escribir, y en recompensa fue retratado, amplia y elogiosamente, por un escritor joven dentro de una primera novela vivencial y evocativa.

El escritor de mediana edad sospecha que el escritor joven lo hizo con malicia, o como parte de una coartada mayor que ninguno de los dos es capaz de descifrar.

jueves, agosto 23, 2007

Nunca habrías pensado en un final como ése



Caminas como un sonámbulo, como un autómata perverso. O como cualquiera de los comemierdas que pululan por los alrededores: maricones, choros, vendedores de cds piratas, haitianos de la Tío Rico. Tu voluntad apenas repara en las escenas que toman forma en el interior de tus nervios ópticos. No es por costumbre, no es por aburrimiento ni siquiera. Jamás pudiste conformarte con este entorno día a día más inhóspito e infernal. Años atrás, recuerdas, tu hermano y tú se remojaron corriendo por estas mismas calles, emocionados mientras más de un transeúnte encantado o atónito sonreía frente a aquella danza de la lluvia de dos niños inmigrantes. Seguramente eran incapaces de adivinar su origen. ¿Quién puede imaginarse una geografía donde apenas llueve?

Las fugas paralelas de Octavio Vinces.

Octavio Vinces nació en Lima y ya nació fastidiado de estar allí (creo que siempre anda algo disconforme si no está devorándose libros cuya lectura parece eterna, escribiendo, o charlando de los temas más diversos junto a una botella de vino tinto), luego se fue a la Argentina, a Venezuela, a Nueva York, y de saltos, Canadá, España, Francia, México, Ecuador, a otros destinos, y siempre terminó volviendo a Venezuela (¿Quién lo entiende?) para querer irse de todas partes y además volver. Arrastra la herencia del emigrante: ya no tiene patria en ninguna parte del mundo. A cambio de las patrias, perdidas o tenidas, recibió la facultad de usar un lenguaje diverso y cosmopolita, además de encarnar de un instante a otro, sin ninguna cortapisa, visiones desiguales o contrastantes en lenguajes diferentes y quizá contradictorios. Vinces es un actor, puede convertirse en cada personaje, alterar la nacionalidad, el vestuario, el sexo, la religión, y dejar al espectador de patio o palco, ajeno a esos cambios.
Su primera novela, Las Fugas Paralelas, ha sido premiada por unanimidad por la editorial Alfaguara junto con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la justa del premio Alfaguara-UNAM correspondiente al año 2003. El jurado fue integrado por Pedro Angel Palou y Eduardo Antonio Parra (notorias figuras de la ya consagrada generación del crack), y por las escritoras Mónica Lavín, Rosa Beltrán y Anamari Gomís. Participaron 86 novelas, 77 correspondientes a México y las otras nueve repartidas entre España, Costa Rica, Estados Unidos, Uruguay, Argentina y Venezuela.
Las fugas paralelas es una novela cargada de gran subjetividad: los personajes caminan, hablan y se encuentran con otros personajes a través del velo de sus propios pensamientos, de su inherente individualismo, como fantasmas que eligen encarnar un espectro humano y mantienen la interioridad de su propia entidad, ocultándola, dejándola salir sólo por mínimas dosis servidas en copitas de cristal. Pero también hay desencuentros, violencia política, ruptura generacional. Cada capítulo le propone al lector, de alguna manera, un nuevo lenguaje, una nueva psiquis y aún el esbozo de otra obra (pienso que Vinces podría trabajar varias novelas al mismo tiempo), lo cual lleva a hacer un esfuerzo para reiniciar a cada instante la disección de un nuevo sujeto, con sus complejos y dudas, con sus esperanzas y sus conformismos, a través de su autonomía de acción y pensamiento: personajes que transitan movidos por su propia decepción, su desencanto. Peor también por su deseo de supervivencia. Los acontecimientos externos (un acto terrorista, el reencuentro con un viejo amor adolescente, la adaptación a nuevas ciudades y países) explican los actos de los personajes, pero de ninguna manera interrumpen su trabajada identidad.
El autor demuestra el temple de un escritor de fondo, aunque sea un novel que apenas coquetea con esa idea que ha sacado como un conejo por las orejas del sombrero de su tiempo libre, como un experimento hecho con instrumentos tomados de un laboratorio de maletín. Una obra por su propia determinación de decir: "Hasta aquí". ¿Qué nos deja eso? Una novela sin conclusiones generales, que han sido sacrificadas por la dinámica de producir un sinnúmero de conclusiones particulares. A eso se le llama arte literario y lo es sin ninguna duda. Es una novela soberbia, no sólo en el sentido grandilocuente de la palabra, sino también porque al narrador pareciera importarle un bledo lo que el lector pueda pensar o sentir: construye sus personajes a capricho, como si luego él mismo fuese a ser el único espectador del resultado final.
Toda la obra pareciera expresar no sólo la línea de un pensamiento reflexivo o simplemente sometido al arbitrio propio de un narrador extraño a sus personajes, sino un esbozo profundamente subjetivo que incluye aquello que se piensa distraído y al instante hemos olvidado. Una obra en la que se recorre página tras página, de pronto se llega al final, y se siente como si no se hubiese llegado a ninguna parte. Ahí se comprende que la obra quedó atrás, que los conceptos se derramaron en imágenes, frustraciones y destiempos, porque cada personaje, al acercarse a un desenlace, ya ha emprendido su propia partida, y uno se siente como una especie de pasajero coleado en el carro de esa niña inmadura que tiene que soportar a dos imbéciles obsesionados por la futilidad del hombre televisado en su capítulo final. Es entonces cuando el lector que ha terminado su lectura, ha dejado el libro en el sillón, con una sensación de que ha leído algo que no tiene un desenlace, se acerca a la nevera o se prepara un café, no sin cierta sensación hueca, de ausencia de la presa de caza, como si la narración le hubiese negado algo, y tiene que volver al sillón, posar su mano sobre el libro, manosearlo, tal vez esperar al otro día, la otra semana, sin devolverlo a la biblioteca, dejándolo por ahí a la mano, para que no se le enfríe la labor que debe emprender pronto: recomenzar la lectura, ya desprovisto de prejuicios, y alcanzar el disfrute total de su literatura, en las palabras a gotas de la subjetividad, la tristeza, la resignación y la melancolía de personajes que se muestran tras el antifaz de su propia fuga.
Las Fugas Paralelas denota el temperamento de un escritor que será una figura de las letras. El resto, para Octavio Vinces, es seguir escribiendo.



JOSE MACIAS.

miércoles, agosto 22, 2007

Sushi bar con piercing



Se ha sentado a mi costado, acabo de verla reflejada en el espejo que está enfrente (¿es que todos los sushi bars tienen espejos, o es idea mía?); vuelvo mi mirada hacia ella y descubro un piercing en el ala derecha de su nariz (tal vez ésta sea demasiado larga para su rostro): un detalle que parece querer suavizar la necesaria seriedad de sus anteojos de carey. Es bastante joven y me parece atractiva, me estoy diciendo sin decírmelo. La mujer que le acompaña —hasta ahora no he reparado en su presencia— le indica donde está el baño, en un inglés duramente pronunciado y gramaticalmente prolijo. Se pone de pie y entonces me percato de que no se trata de una jovencita; tal vez hasta sea contemporánea mía: el piercing me ha confundido. Todo esto me hace pensar brevemente en Amanda, tan lejana ahora.

Hajime coloca sobre la barra el sashimi que he ordenado: piezas de salmón anaranjado, esponjosas y perfectamente cortadas. Remojo una de ellas en el wasabi que he diluido con salsa de soya. Los palillos son de madera balsa, traídos de China o de Singapur. El sabor del salmón reventará en mi paladar, lechoso, sensual, deliciosamente gelatinoso. La guapa del piercing y las gafas de carey ha regresado. Noto que entre ella y su acompañante hay un puesto vacante. Sin duda esperan por alguien.

En la base del espejo un maneki neko parece estar riéndose de mí.

lunes, julio 23, 2007

martes, julio 10, 2007

viernes, junio 22, 2007

Javier Marías termina el tercer volumen de Tu rostro mañana, su obra más ambiciosa



El escritor Javier Marías acaba de poner punto final al tercer volumen de Tu rostro mañana, ese gran proyecto literario al que ha dedicado nueve años de su vida y que, una vez concluido, considera su "mejor novela", "la más compleja y ambiciosa", y "con mayor hálito, impulso y fuerza" en sus páginas.

Tengo la sensación de que la novela ha quedado como yo quería, aunque sé que lo que el autor sienta no importa mucho, porque no es quién para juzgarla", afirma Marías en una entrevista con Efe, en la que adelanta algunas claves de este tercer volumen que Alfaguara publicará a finales de septiembre y que tendrá unas 700 páginas.

La tercera "y última" entrega se titulará, salvo que el autor cambie de opinión, Veneno, sombra y adiós, y se sumará a las 375 páginas de la primera, Fiebre y lanza (2002), y a las 416 de la segunda, Baile y sueño (2004).
Son en total más de 1.500 páginas, y Marías, uno de los escritores españoles de mayor prestigio internacional, cae en la cuenta de que su novela será "más larga que el Tristan Shandy y quizá que el Quijote, lo cual, si se piensa en esos términos, es una osadía".

No hace ni dos semanas que entregó el original, y el autor vive estos días entre "el agotamiento" lógico que produce el haber terminado un proyecto de tal envergadura, y "una especie de desconcierto, de lástima y de melancolía". "También, satisfacción, claro".

En esa melancolía influye además "un elemento de tipo personal" que tiene mucho que ver con "una de las razones" que lo llevaron a dividir esta obra en varios volúmenes: la muerte de su padre, el filósofo Julián Marías, en diciembre de 2005, y la de Sir Peter Russell, importante hispanista de Oxford y gran amigo del novelista, ocurrida medio año después.

Uno y otro han inspirado sendos personajes de la novela (el del padre del narrador y el de Peter Wheeler) y "ambos tenían mucha curiosidad por verse 'ficcionalizados'". Sus edades "tan frágiles" animaron al escritor a publicar la obra en varios volúmenes, para que al menos pudieran ver impreso alguno.

Les dio tiempo a leer los dos primeros antes de morir, pero Marías los ha mantenido "en danza en el tercero a uno y otro, hablando y haciendo cosas". "Al terminar la novela, de pronto es como si se me hubieran muerto de verdad porque ya no los voy a tener dentro de la ficción", dice el escritor durante su conversación con Efe, que tiene lugar en su casa de Madrid.

"Sin sus vidas prestadas este libro no habría existido. Descansen ambos ahora, también en la ficción de estas páginas", afirmará el escritor en la mención expresa que hará de ellos al final de la novela.

Han pasado casi nueve años desde aquel 3 de septiembre de 1998 -"siempre empiezo mis novelas un 3 de septiembre"-, en que escribió las primeras líneas de esa historia protagonizada por Jaime Deza (llamado también Jacobo, Yago o Jacques), un español que se va a Inglaterra para hacer más llevadera la separación de su mujer y allí es contratado por "un grupo sin nombre", dependiente del MI6 o Servicio Secreto Británico.

Los reclutados por ese grupo poseen el raro "don" de ver en los otros y de conocer hoy cómo serán sus rostros mañana; son también capaces de saber hasta dónde pueden llegar las personas, si serán leales o traidores, si llegarán a matar.

En la última entrega, el protagonista "ve que su rostro puede cambiar", por lo que "en cierto sentido el tercer volumen podría ser 'Mi rostro mañana'".

"Hay un momento en el que empieza a ver que cosas que jamás hubiera imaginado hacer o decir o sentir, comienza a hacerlas y a decirlas", comenta Marías, cuya obra ha sido traducida a 36 idiomas (el chino se acaba de incorporar a la lista) y que sin duda es uno de los escritores españoles más premiados internacionalmente.

Si los dos primeros volúmenes transcurrían sobre todo en Londres y Oxford, "en el tercero hay una buena parte que sucede en Madrid", comenta el autor, para añadir que el protagonista "cada vez se va involucrando más" en el grupo para el que trabaja, y "va sabiendo más" sobre las consecuencias de lo que hace.

Los lectores "más fieles" de Marías saben que "hay vinculaciones fuertes" entre sus libros, y no se extrañarán por tanto de que en Veneno, sombra y adiós reaparezca un personaje de Corazón tan blanco, la novela que fue calificada de "absoluta obra maestra" por el famoso crítico alemán Marcel Reich-Ranicki, que en varias ocasiones ha pedido el Nobel para el escritor madrileño.

En ese volumen hay "algunos ecos y resonancia deliberadas de esa novela y también de Mañana en la batalla piensa en mí", otro de los títulos preferidos por los seguidores de Marías. Y reaparecerá en una breve escena el académico Francisco Rico, que ya intervino en Negra espalda del tiempo.

Habrá fragmentos cómicos -"no puedo evitarlo", asegura- y más acción que en los otros dos volúmenes. Y por supuesto, esas digresiones tan características de sus obras y ese juego con el tiempo, que, como se ha dicho en alguna ocasión, el autor eleva a la categoría de personaje.

Efe, 10 de junio de 2007